comienzan los problemas.
Hay quejas y malas caras,
nada de sexo,
no estamos de humor.
A veces, incluso, peleamos.
Yo no salgo con los amigos.
Me encierro en mi habitación
y escucho a Lucía
trajinar en la cocina
con lo poco que va quedando.
La peor escena,
cuando echamos cuentas
para ver de qué podemos prescindir.
Afortunadamente,
tarde o temprano,
acaba llegando el día de cobro.
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